En esta pandemia perdí

En esta pandemia perdí cuarenta cafés en la Narvarte, doce comidas de domingo con mis papás, tardes de helado con mi abuela, un amigo que vivía a unas calles, cuatro idas a bailar con mis amigas y unos cien abrazos.

Perdí ir a diez obras de teatro bien acompañado y otras tantas idas al cine. Perdí el vuelo para tocar el mar, perdí los doce ensayos y doce funciones de un maravilloso proyecto, perdí salir a pasear al tianguis los domingos: comprar uvas, flores y algo que no necesitaba.

Perdí la calma algunas tardes, la certeza y perdí la ilusión de vivir en un sistema que, con sus injusticias y todo, pero funcionaba. No funciona, no es viable este sistema social donde si necesitas trabajar tienes que arriesgar tu vida, como su peso fuera distinto al de otras vidas.

Perdí la inocencia de vivir sólo: sostener un depa, cocinarse y mantener la danza de la vida cotidiana. Perdí a una amiga, perdí ir cada viernes a casa de un cuate a debatir con cerveza, perdí escuchar en vivo el grupo de Juan y perdí una que otra noche de gozar el cuerpo en plena danza.

Perdí la tranquilidad de que nos volveremos a ver, perdí esperas y perdí un miedo. Sé que han habido otras, más devastadoras y lo siento mucho. Y pensar que este en tan solo el inicio de las pérdidas.

Con todo y esto, hay una línea de Myrta Sessarego que dice: “las ganancias del perdedor”. Yo confío en eso.

Y ustedes, ¿qué han perdido?, ¿qué han ganado?

Publicado por alejandrobastien

Las emociones son el lenguaje de las necesidades.

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