infancia

Cuando éramos pequeños mis papás nos llevaron a casa de Jaime Sabines.   Mi mamá nos motivaba a aprendernos sus poemas y en medio de la sala de Sabines nos pedía que los dijéramos en voz alta y de memoria.

Recuerdo la sensación: por unos momentos escuchar poemas era el acto más importante de la tarde, hombres y mujeres callados con las piernas cruzadas, mirando. También recuerdo el sótano de esa casa: tenía una mesa de billar y una serpiente que dejaban suelta porque no hacía nada más que existir.

Por eso un día en Veracruz me metí a una jaula de cocodrilos no tan grandes, porque me recordaron a aquella serpiente que se enredaba en las patas de madera de la mesa de billar en la casa en donde lo más importante un día fue escuchar poemas.

Diciembre 2019

Publicado por alejandrobastien

Las emociones son el lenguaje de las necesidades.

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